Normalizar el genocidio

Hay inmigrantes blancos que están del lado de los colonizadores porque creen torpemente que son parte de la blanquitud.
25/01/2026

Una sociedad que practica, habilita, celebra o normaliza un genocidio está mortalmente podrida. No tiene remedio, seguirá corrompiéndose hasta hacer implosión, a pesar de que en ella haya elementos rescatables que son impermeables a esa putrefacción generalizada.

Estados Unidos vive esa contradicción fundamental, entre la parte enferma, que lamentablemente es mayoritaria, y la parte sana. La parte enferma es la que desea regresar a la sociedad de los colonizadores blancos que hicieron del exterminio de los pueblos indígenas un modus vivendi.

Consumado el despojo territorial de millones de nativos, los colonizadores se dedicaron a explotar gente secuestrada en ultramar para obligarla a trabajar sin paga. La crueldad de los colonizadores no tiene parangón, representa lo peor de la humanidad.

No todos ellos eran/son sociópatas, pero todos ellos se articulan en torno a una ilusa superioridad racial, religiosa, legal y moral. El colonizador está muy lejos de comprender su putrefacción interna. Es más probable que se sienta un agente elegido para llevar a cabo una misión salvífica, por dios, por la autoridad y por la patria.

Sólo así puede parchar los conflictos de identidad que le genera pertenecer a la población excedente de su lugar de origen, la que tuvo que salir para buscar sobrevivir en otro lado. El colonizador es un ser culturalmente dislocado, sin comunidad y sin pertenencia, interesado únicamente en su sobrevivencia individual.

El colonizador resuelve su trauma histórico y su conflicto de identidad no de forma sana y comunitaria, sino tomando el lado de las élites, adoptando su discurso oficial y aspirando a su nivel de vida. Los colonizadores blancos nunca dejaron de ser colonizadores. Su forma de ver al resto del mundo es como una gran extensión territorial a la que pueden conquistar y dominar si se lo proponen.

El colonizador es un ser vacuo que no busca aprender de nadie ni se preguntar nada porque ya tiene todas las respuesta contenidas en su identidad fabricada ex-profeso. Todo está en la biblia, en la ley de los poderosos, en la defensa de la patria. Nunca se moverá un ápice de sus ideas simplistas, reduccionistas, falsas y tóxicas.

Sin embargo, esta sociedad de colonizadores vio crecer en su seno, simultáneamente, a una sociedad de inmigrantes. Los inmigrantes tienen sus propias complejidades, no hay que idealizarlos, pero lo que los articula es un profundo deseo de superación y un afán de vivir en paz. No migran porque deseen conquistar, colonizar, matar y despojar a la población establecida.

Esta contradicción fundamental entre la sociedad de colonizadores y la sociedad de inmigrantes se expresa cada vez con más fuerza, en la medida en que los colonizadores dejan de ser mayoría demográfica. El actual gobierno fascista desea volver a la sociedad de los colonizadores, pero para ello tendría que deshacerse de la mitad de la población. Le están apostando a hacer la vida de la gente no-blanca tan miserable que estos opten por la auto-deportación.

En este mar revuelto, hay inmigrantes blancos que están del lado de los colonizadores porque creen torpemente que son parte de la blanquitud. Pero más importante aún, hay millones de blancos que no se identifican con el supremacismo blanco. El fascismo entonces los va a tratar como si fueran población racializada, porque en el fondo el color de la piel y el origen no importan.

Las alianzas ideológicas y de clase son lo que cuenta. Sería un craso error entender el fascismo como un problema de choque de razas, civilizaciones, etc. Esa es una visión reaccionaria. Lo que ocurre es una racialización de la lucha de clases, pero donde las identidades raciales no son puras ni están nítidamente alineadas con las élites o con los oprimidos.

La violencia escalará hasta donde la lleve el fascismo. Lamento decir esto, pero mi pronóstico es que seguiremos viendo muchas atrocidades cotidianas antes de ver los signos de erosión del fascismo.

A menos que se utilice una tecnología altamente letal como la de los campos de concentración, la contradicción entre la sociedad de colonizadores y la sociedad de inmigrantes se puede resolver a favor de los migrantes si estos logran coaligarse junto con los aliados blancos antifascistas, el Black Power y los pueblos nativos.



ADELA CEDILLO es Doctora en Historia de AmeÌrica Latina por la Universidad de Wisconsin-Madison Es licenciada en Historia y maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional AutoÌnoma de MeÌxico. Ha publicado artiÌculos en revistas indexadas y de divulgacioÌn y capiÌtulos en obras colectivas sobre la guerra sucia mexicana, las organizaciones armadas revolucionarias, los derechos humanos y la guerra contra las drogas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de Mobilnews.mx.

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