La mayorÃa de los ciudadanos no tiene tiempo para reclamar, no es que no les importe, es que tiene otras prioridades, muchos de ellos viven al dÃa, no piden que le den, solo desean un trabajo con un salario digno.
En la polÃtica los temas que rompen compromisos adquiridos, se minimizan, se les hace a un lado. Y cuando sube la presión se remata con culpar a los de enfrente por todo lo que pasa. O ha pasado.
Este debate se tiene que dar en tres dimensiones, la primera es la efectividad de la medida, la segunda la constitucionalidad de esta y la tercera la ponderación de los derechos.
La memoria colectiva de la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968 se ha construido enteramente en el terreno del trauma y del mito, no en el de la historia y el derecho.
Lo ocurrido en este jueves en Torreón no debe servir para etiquetar a nuestros jóvenes ni para sembrar miedo. Debe servir para mirarlos, escucharlos, acompañarlos y establecer lÃmites.