Al pensar en el abejorro, nos viene a la mente una pequeña maravilla de la naturaleza.
Este insecto polinizador, con su cuerpo rechoncho y sus alas relativamente pequeñas, desempeña un rol vital para nuestros ecosistemas.
Es hermoso en sus colores, en su simplicidad y en su función: lleva vida de flor en flor, asegurando que la naturaleza siga su curso.
Sin embargo, hay algo curioso en el abejorro: de acuerdo con las leyes de la física y la aerodinámica, tal como las entendíamos el siglo pasado, sus dimensiones no le permitirían volar.
El tamaño de sus alas, en proporción con el del tórax, no sería suficiente para permitirle al himenóptero emprender el vuelo. Pero aquí está la magia: el abejorro vuela.
El 2026, a primera vista, luce complicado. En el horizonte económico de México, vemos desafíos reales: en cuanto a crecimiento económico, cerraremos un 2025 con una cifra cercana al 0.3%.
Para el 2026, se pronostica un promedio de alrededor del 1%, muy modesto y por debajo del necesario para absorber los empleos demandados.
Las razones de las cifras tan poco alegres tienen que ver con la continuidad de la incertidumbre por las condiciones globales, principalmente por las preocupaciones relacionadas con los aranceles de Estados Unidos, la renegociación del T-MEC programada para julio de este año y otros obstáculos.
La entrada en vigor de los aranceles a la importación de productos y componentes asiáticos en México en un entorno de tasas de interés a la baja puede traer presiones inflacionarias.
Las cifras nos hablan de un entorno donde el crecimiento podría ser más lento de lo deseado, donde la inflación es un riesgo, la estabilidad requiere esfuerzo y la resiliencia será clave.
A pesar de sus limitaciones físicas, el abejorro vuela por una razón: nadie le ha dicho que no puede volar.
El abejorro desafía las expectativas y tuvo que adaptarse para vencer las adversidades. Nosotros también podemos hacerlo.
Podemos tomar estos retos y convertirlos en oportunidades. Al final del día, lo que define nuestro vuelo no es la predicción de otros, sino la determinación propia.
En este inicio de año, que nadie nos diga que no se puede.
En el 2026, volemos con la convicción de que, con trabajo y esperanza, México puede elevarse por encima de cualquier pronóstico.