Hace unos dÃas, miles de personas volvieron a reunirse en la Ciudad de México para ver a Megadeth en su gira de despedida. Sobre el escenario hubo guitarras estridentes, luces y energÃa; entre el público, nostalgia y entrega.
Pero en el fondo, el concierto representaba algo más profundo: la historia de un hombre que fue expulsado de su sueño y aun asà encontró la forma de levantarse.
La historia de Dave Mustaine comienza con el fracaso. A principios de los años ochenta era guitarrista de Metallica, una banda joven que apenas comenzaba a abrirse camino en el mundo del heavy metal.
Su talento era indiscutible y muchos reconocen hasta hoy que ayudó a moldear el sonido agresivo y veloz que revolucionarÃa el género. Pero también tenÃa un carácter explosivo.
El alcohol, las drogas y los conflictos constantes terminaron por romper la relación con sus compañeros.
Hasta que una mañana de 1983 todo terminó. Lo despertaron, le entregaron un boleto de autobús y lo enviaron de regreso de Nueva York a California.
Cuatro dÃas de carretera para digerir la humillación de haber sido expulsado de la banda que poco después se convertirÃa en una de las más exitosas de la historia.
Ver triunfar un proyecto que ayudamos a construir y que continúa sin nosotros debe ser uno de los golpes más duros para el orgullo humano. Mustaine pudo haberse hundido.
Durante años enfrentó adicciones, excesos y una rabia que parecÃa consumirlo todo, hasta que decidió utilizar ese resentimiento como combustible.
Asà nació Megadeth.
Lo que comenzó como un intento desesperado por demostrar que habÃan cometido un error al despedirlo terminó convirtiéndose en una de las bandas más importantes del metal.
Millones de discos vendidos, giras mundiales y un lugar entre los “Big Four†del thrash metal junto a Metallica, Slayer y Anthrax.
Pero incluso entonces la batalla no terminó. Mustaine enfrentó recaÃdas, problemas fÃsicos severos y hasta cáncer de garganta. Aun asà volvió a los escenarios.
Quizá por eso su historia conecta incluso con quienes nunca han escuchado metal.
Porque no habla solo de música, sino de la capacidad humana de reconstruirse después de tocar fondo.
A veces, el golpe que más duele termina convirtiéndose en el punto de partida.