México lleva décadas creciendo por debajo de su potencial debido a problemas estructurales: regulaciones excesivas, monopolios estatales y oligopolios privados, trámites que inhiben la competencia y una productividad persistentemente baja. Los indicadores internacionales son claros: México es un paÃs difÃcil para emprender, financiarse, crecer y competir. En 2024, el paÃs se ubicó en el lugar 52 de 67 economÃas en el IMD World Competitiveness Ranking, muy lejos de los estándares de las economÃas desarrolladas.
La urgencia de liberalizar la economÃa no es ideológica: es matemática. México crece por debajo de su potencial desde hace más de 20 años. Las mayores tasas de crecimiento moderno ocurrieron durante los años de mayor apertura comercial en los 1990s, pero las reformas se quedaron a medio camino. Mientras tanto, los paÃses que sà completaron su proceso de liberalización —Vietnam, Polonia, Irlanda, Corea del Sur— lograron saltos espectaculares en productividad, inversión y bienestar. Todos ellos hicieron lo que México se rehúsa a hacer: abrir mercados, simplificar regulaciones, fortalecer la competencia, atraer inversión y reducir barreras de entrada.
México, en contraste, sigue atrapado en monopolios energéticos, mercados cerrados, trámites que duran meses y un sistema fiscal que castiga la formalidad. La reciente incursión estatista ha agravado el problema. Proyectos como Banco del Bienestar, Mexicana de Aviación, Tren Maya y Segalmex han generado pérdidas multimillonarias para el erario. A esto se suma la situación crÃtica de Pemex y CFE, cuyas deudas y pasivos están presionando la calificación crediticia del paÃs.
Hoy, México necesita liberalizar su economÃa por tres razones urgentes:
Primero, porque el modelo actual de intervención estatal no funciona. Bloquea la entrada de nuevos participantes, eleva el déficit fiscal e inhibe la innovación y el emprendimiento. La economÃa mexicana no puede prosperar si sigue protegida para unos cuantos y cerrada para todos los demás.
Segundo, porque el paÃs requiere un cambio estructural basado en ciencia, tecnologÃa y productividad. Sin competencia real, no hay incentivos para innovar. Abrir mercados permitirÃa detonar nuevos emprendimientos, atraer capital y elevar la productividad, que hoy es una de las más bajas de la OCDE.
Tercero, porque México no puede depender de un modelo basado en el sector externo cuando el mundo se está cerrando. El proteccionismo global avanza. El nearshoring no se materializará plenamente sin energÃa competitiva, infraestructura moderna y reglas claras. México carece de motores internos de crecimiento y debe crearlos.
La liberalización no es un lujo ni un capricho ideológico. Es la única vÃa para que México deje atrás el estancamiento y construya una economÃa dinámica, competitiva y capaz de generar bienestar real.