Jorge Alfredo Lera-Mejía
Con lo ocurrido en el Istmo, cualquier discurso triunfalista sobre “el año de los trenes” queda vacío si lo prioritario es la prisa política por inaugurar obras por sobre la seguridad del pasajero.
La coyuntura exige un giro de política económica que pase del asistencialismo fragmentado a una agenda de inversión, productividad y empleo formal.
En México hay una “trampa de baja productividad”: millones de personas trabajan, pero atrapadas en actividades de supervivencia con poco valor agregado y sin movilidad laboral.
La crisis hídrica en el norte no tiene por qué convertirse en una guerra entre vecinos, sino en un punto de inflexión para construir acuerdos más inteligentes y duraderos.
El desafío de fondo no es escoger entre entre neoliberalismo y populismo sino construir un modelo adaptativo que combine competitividad económica, cohesión social y democracia efectiva.
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