Hace ya más de dos meses falleció Lourdes Bermúdez, y la noticia me cayó tan mal que no podía digerirla.
Conocí a Lourdes poco antes de la pandemia de COVID. En ese entonces yo tenía muy fresca la historia de la Liga Comunista 23 de Septiembre porque acababa de hacer mi tesis de doctorado.
A Lourdes la cuestionaban porque nadie entre los exmilitantes del movimiento armado socialista parecía conocerla o reconocerla.
En cambio, cuando me dijo que había sido pareja de José Sansabas Pilar Terrazas, la identifiqué inmediatamente. Me pesó mucho su historia porque le tocó una etapa donde la mayoría de los militantes, que eran muy jóvenes, eran desaparecidos o asesinados.
Ella sufrió torturas brutales y creo que solo su desconocimiento de la organización pudo haberla salvado de una desaparición como la que sufrieron su pareja y sus compañeros de brigada.
Lourdes quedó terriblemente afectada de por vida. Eso complicó un poco nuestra relación. A veces las víctimas, cuando encuentran a alguien empatico que entiende lo que sufrieron, esperan un nivel de apoyo que no es realista.
La apoyé inicialmente, pero después ya no pude y ella quedó sensible al respecto. Nunca pudimos tener una conversación para explicar mi postura, ese eterno estar atrapada entre un impulso muy fuerte de ayuda y servicio y la imposibilidad de absorber casos individuales.
Me dolió mucho su súbita partida, sin verdad, sin justicia, sin reparación del daño, lo que sea que eso signifique tras una afectación profunda de décadas.
El Estado mexicano es increíblemente criminal y lleva demasiado tiempo dejando a las víctimas a su suerte.
Querida Lourdes, espero que donde estés puedas seguir hablando y cantando en francés, que todo sea ligero y luminoso, que tu energía descansa en eterna paz.
¿POR QUÉ AHORA?
No sé por qué ahora el EZLN está tan interesado en el problema de los desaparecidos.
No sé si sea un interés real o una muestra de oportunismo.
En 2003 y 2004 le mandé cartas a la Comandancia y a una junta de buen gobierno pidiendo su apoyo para buscar a los desaparecidos del Núcleo Guerrillero Emiliano Zapata (su organización madre), con la nueva evidencia que había encontrado en el archivo de la Dirección Federal de Seguridad, pero me ignoraron olímpicamente.
Luego uno de sus voceros me dijo que de ese tema no se hablaba, ni bien ni mal. Nunca mostraron empatía hacia el dolor de las familias de los desaparecidos del NGEZ.
Soy testigo y doy fe.