Hace algunas semanas asistà a una cena en el consulado de Francia en Monterrey, con motivo del primer vuelo directo Monterrey–ParÃs, que inició operaciones el pasado 13 de abril y contará con tres frecuencias semanales. Más que una nueva ruta aérea, estamos frente a una plataforma de conexión entre la ciudad más industrial del paÃs y Europa.
El evento reunió a empresarios, autoridades y diplomáticos, no solo de Francia, también de otros paÃses europeos. Un reflejo claro de que esta conexión va más allá de lo bilateral. Vale la pena reconocer el trabajo del cónsul de Francia en Monterrey, Pierre Raynaud, quien ha impulsado una agenda activa para fortalecer estos vÃnculos.
Este vuelo es estratégico, consolida a Monterrey como hub industrial y como puerta de entrada a Norteamérica, proyectándola como una ciudad con relevancia global. En el contexto del Mundial 2026, la ruta también responde a una lógica más amplia: no sólo facilitar turismo, sobre todo formar parte de la narrativa de posicionamiento que busca proyectar a Nuevo León como un destino clave para la inversión.
Pero la pregunta de fondo es otra: ¿estamos preparados para capitalizar esta conexión?
El timing no es casual. En 2026 se celebran 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia. Sin embargo, más allá de la historia compartida, la relación económica sigue siendo limitada. El intercambio bilateral supera los 6,000 millones de dólares, pero con un déficit importante para México. Una relación intensa en lo institucional, pero aún desigual en lo económico.
Las empresas francesas en México están bien posicionadas en sectores estratégicos como automotriz, aeroespacial, energÃa y consumo. Generan más de 150 mil empleos y han logrado consolidar una presencia relevante. Pero la ecuación no es recÃproca: México no tiene el mismo peso en Francia ni en Europa.
Esto obliga a una reflexión incómoda. Durante años, México ha concentrado su estrategia económica en Estados Unidos, con resultados claros en integración y comercio. Pero esa misma concentración ha limitado su diversificación.
Hoy, la conectividad con Europa existe como nunca, lo que no está claro es si existe una estrategia para aprovecharla. La infraestructura abre puertas, pero no garantiza resultados. La narrativa puede posicionar, pero no sustituye a la ejecución.
México ha sido exitoso integrándose a Norteamérica. El siguiente paso es demostrar que puede hacerlo también con Europa. Porque el vuelo ya conecta a Monterrey con ParÃs, pero lo que realmente está en juego es si México logra conectar con Europa en términos económicos, industriales y estratégicos.
Hoy, la conectividad va adelante. La estrategia, todavÃa no.