Me entusiasma estar de regreso, colaborando nuevamente con una columna quincenal en Reportacero. Y qué mejor que hacerlo con un tema que tendrÃa que ser de interés nacional: la seguridad y confiabilidad en las construcciones.
El pasado 13 de febrero se aprobó finalmente la NOM-251-SE-2024, que establece especificaciones técnicas, métodos de prueba y requisitos de información comercial aplicables a productos de acero utilizados en la construcción en México. En un paÃs sÃsmico como el nuestro, con tragedias que han marcado generaciones, esta norma no es un trámite técnico: es una deuda histórica. Durante años reaccionamos a los desastres; hoy, al menos en el papel, se apuesta por la prevención.
Que la norma haya surgido desde la SecretarÃa de EconomÃa no es casual. Después de episodios que evidenciaron fallas estructurales y de supervisión, el mensaje es claro: la seguridad en la construcción no puede depender del precio más bajo ni de la discrecionalidad en la compra de materiales.
La NOM 251 obliga a que los productos de acero para la construcción cuenten con certificación emitida por organismos acreditados, lo que implica pruebas de resistencia, composición quÃmica, dimensiones y trazabilidad. En términos prácticos, se busca cerrar la puerta al acero que no cumple especificaciones y que, en un sismo, puede marcar la diferencia entre estabilidad y colapso.
Para ciertas empresas mexicanas, productoras de acero 100% nacional, hecho por manos mexicanas, la norma representa la formalización de estándares que ya eran parte de su ADN. CompañÃas que hoy son referentes en aceros largos y de refuerzo, compitiendo en calidad y tecnologÃa.
La verdadera prueba empieza ahora. Una norma sin supervisión es letra muerta. Está en la autoridad hacerla cumplir sin excepciones; en las constructoras, asumirla como piso mÃnimo y no como obstáculo; en los medios, explicar su impacto; y en el ciudadano, exigir que el lugar donde vive, trabaja o estudian sus hijos esté construido con materiales certificados.
La pregunta no es solo si nuestras construcciones son sólidas. La pregunta es si estamos dispuestos a ser, por fin, un paÃs que no negocia la seguridad.