Han pasado casi tres semanas desde la elecci贸n del 7 de junio y, superada la etapa de la efervescencia electoral, el Partido Acci贸n Nacional en Coahuila enfrenta el momento m谩s complejo de su historia reciente. No se trata 煤nicamente de haber obtenido el peor resultado electoral desde su fundaci贸n en el estado, sino de asumir que el desplome no fue producto de una sola campa帽a, sino de un desgaste acumulado durante varios a帽os.
Lo m谩s preocupante no es la derrota en las urnas, sino la ausencia de una conducci贸n pol铆tica visible despu茅s de ella. Mientras diversas voces panistas han comenzado a plantear un ejercicio de autocr铆tica, la dirigencia estatal permanece pr谩cticamente ausente y la nacional lo dej贸 solo en un mensaje que aplaudi贸 la estrategia priista frente a la nada notoria albiazul.
No ha existido un posicionamiento institucional en lo estatal que marque una ruta, explique lo ocurrido o convoque a la militancia. Despu茅s del duelo electoral llega el momento de reconstruir, y el silencio dif铆cilmente puede convertirse en estrategia.
Las reflexiones expresadas por el diputado local Gerardo Aguado G贸mez ofrecen una de las primeras aproximaciones serias al diagn贸stico. Reconoce que el PAN lleva varios procesos consecutivos perdiendo respaldo ciudadano y plantea que el partido se alej贸 de las calles, de las causas sociales y de la cercan铆a permanente con la gente.
Sostiene que el partido debe volver a ser un instrumento de ciudadan铆a y no 煤nicamente una maquinaria que aparece durante las campa帽as. Tambi茅n admite una realidad inc贸moda: con un padr贸n inferior a cuatro mil militantes resulta pr谩cticamente imposible aspirar a representar a una sociedad de millones de habitantes.
La organizaci贸n termin贸 reduciendo su propia base pol铆tica mediante candados que dificultaron la incorporaci贸n de nuevos perfiles y, en algunos momentos, mediante decisiones internas que derivaron en expulsiones masivas y alejamiento de cuadros con arraigo social y experiencia pol铆tica. El resultado fue un partido cada vez m谩s peque帽o y menos competitivo.
Pero existe otro factor que igualmente influy贸 en la debacle del PAN: las decisiones de su dirigencia, tanto estatal como nacional. El exdirigente panista Juan Antonio Garc铆a Villa ha sido particularmente cr铆tico al se帽alar que el partido cay贸 en una conducci贸n pasiva, sin capacidad de autocr铆tica y con procesos internos ampliamente cuestionados. A ello suma un hecho que considera un punto de quiebre: el convenio pol铆tico difundido en enero de 2024 por el entonces dirigente nacional, Marko Cort茅s, mediante el cual PRI y PAN proyectaban la distribuci贸n de posiciones de gobierno en caso de ganar la elecci贸n de ese a帽o en Coahuila.
Para Garc铆a Villa, ese episodio envi贸 un mensaje equivocado a la ciudadan铆a, deterior贸 la credibilidad del partido y termin贸 alejando a muchos de sus simpatizantes. A ello se agrega una percepci贸n compartida por diversos liderazgos locales: la creciente lejan铆a de la dirigencia nacional respecto de Coahuila.
Mientras el partido perd铆a presencia territorial y competitividad, el respaldo pol铆tico, organizativo y estrat茅gico desde el Comit茅 Ejecutivo Nacional fue insuficiente para enfrentar una crisis que ya se ven铆a gestando desde procesos anteriores.
Esa reflexi贸n coincide con lo que durante a帽os distintos panistas advirtieron sin ser escuchados. Durante dirigencias anteriores se privilegi贸 la confrontaci贸n interna sobre la construcci贸n de acuerdos, provocando que militantes hist贸ricos, liderazgos regionales y perfiles con reconocimiento ciudadano fueran alej谩ndose del partido. No todos abandonaron formalmente las filas, pero muchos dejaron de participar activamente. El costo termin贸 reflej谩ndose en las urnas.
Un partido que durante d茅cadas fue la principal fuerza opositora en Coahuila termin贸 obteniendo apenas alrededor del dos por ciento de la votaci贸n y perdiendo las prerrogativas estatales.
En ese contexto tambi茅n surge el debate sobre el futuro de la estructura partidista. Guillermo Anaya ha planteado la posibilidad de que el Comit茅 Directivo Estatal desaparezca para convertirse en una delegaci贸n, aunque, como precisa Gerardo Aguado, esa decisi贸n no es autom谩tica y corresponder谩 analizarla a la Comisi贸n Permanente Nacional. M谩s all谩 de la figura administrativa, el verdadero problema no radica en el nombre del 贸rgano de direcci贸n, sino en la capacidad de reconstruir un liderazgo que hoy luce debilitado.
Las voces de experiencia comienzan a marcar el camino. Esther Quintana ha hablado de reconocer la derrota, ejercer una autocr铆tica aut茅ntica y reconstruir desde los cimientos. Es dif铆cil encontrar argumentos para rebatir esa postura. Ninguna organizaci贸n pol铆tica supera una crisis neg谩ndola. Tampoco lo hace guardando silencio.
El PAN todav铆a conserva una historia, una doctrina y cuadros con capacidad pol铆tica. Pero el tiempo juega en su contra. El siguiente proceso electoral ya se acerca y la reconstrucci贸n no comenzar谩 el d铆a que inicien las campa帽as, sino el d铆a que el partido vuelva a abrir sus puertas, recupere la calle y, sobre todo, encuentre liderazgos capaces de asumir responsabilidades. Porque las derrotas electorales pueden convertirse en oportunidades de renovaci贸n; las ausencias de liderazgo, en cambio, suelen prolongar las crisis.