Nuevo León es un motor fundamental para el crecimiento nacional. Lidera en manufactura, exportaciones, empleo formal e inversión extranjera directa. Sin embargo, su expansión tiene un lÃmite que no depende del estado ni de sus empresas: la energÃa eléctrica. El problema no es técnico: es polÃtico. Y tiene nombre: centralismo energético.
En México, toda la planeación, permisos, expansión, generación y transmisión eléctrica dependen del gobierno federal. Los estados no pueden autorizar nuevas plantas, no pueden acelerar interconexiones, no pueden atraer inversión privada en generación y no pueden decidir sobre su propia infraestructura. El resultado es evidente: el segundo estado que más aporta al PIB nacional no puede decidir cuánta energÃa puede usar para seguir creciendo.
Los datos lo confirman. La demanda eléctrica en Nuevo León ya alcanza entre 4,800 y 5,200 MW en horas pico, según el Sistema Eléctrico Nacional (CENACE). Este consumo crece entre 4% y 6% anual, impulsado por la llegada de empresas globales, de acuerdo con Caintra. Sin embargo, la capacidad de conexión disponible para nuevas industrias en zonas crÃticas del área metropolitana es mÃnima: entre 80 y 150 MW, según el Clúster Energético de Nuevo León. Esto no significa que el estado no tenga energÃa, sino que la red de transmisión está saturada y no puede conectar más carga industrial sin nuevas obras.
El nearshoring exige entre 1,800 y 2,500 MW adicionales en los próximos cinco años, de acuerdo con estimaciones del Clúster Energético e Index. Mientras tanto, la CFE no ha construido la infraestructura necesaria para atender la nueva demanda, y la regulación federal impide que privados participen en transmisión o generen renovables a gran escala, como establece la Ley de la Industria Eléctrica.
El margen de reserva nacional —la holgura del sistema eléctrico— se ubica entre 6% y 8%, según el PRODESEN 2024–2038, el mÃnimo aceptable para operar sin riesgo. En olas de calor baja a 3–5%, lo que coloca a regiones industriales como Nuevo León en riesgo de apagones. La falta de infraestructura eléctrica ha frenado 35 mil millones de dólares en inversiones a nivel nacional, según Coparmex.
El costo económico es claro: energÃa limitada, cara y con riesgo de interrupciones. En un mundo donde la electricidad es el insumo estratégico del siglo XXI, México está dejando que decisiones centralizadas limiten el crecimiento de su región más productiva.
Nuevo León produce riqueza, empleo y exportaciones. Pero la capital decide cuánta energÃa puede usar para seguir haciéndolo. Mientras el centralismo energético siga intacto, el nearshoring tendrá un techo. Y ese techo no lo pone el mercado: lo pone el gobierno federal.