México ha entrado en una fase de déficits históricamente altos que afectarán la productividad, el crecimiento económico y el nivel de endeudamiento en los próximos años. Para 2026, la SecretarÃa de Hacienda y Crédito Público (SHCP) estima un déficit fiscal cercano a 4.7% del PIB, el nivel más elevado desde los años noventa. En términos simples, el paÃs está gastando más de lo que genera. El rubro que más crece es el costo financiero, que aumenta a doble dÃgito anual y ya compite con educación y salud como uno de los mayores componentes del presupuesto. Este incremento se explica por las elevadas tasas de interés y por una carga de deuda cada vez más pesada.
La deuda pública se encuentra en una trayectoria ascendente y ronda entre 52% y 53% del PIB, según cifras de la SHCP y estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). No se trata de un aumento explosivo, pero sà sostenido. La combinación de deuda creciente y tasas altas eleva la presión fiscal de manera permanente, reduciendo la capacidad del Estado para destinar recursos a áreas estratégicas. El resultado es un espacio fiscal cada vez más limitado.
La inversión pública, por ejemplo, se encuentra en niveles históricamente bajos. Las series de la SHCP muestran que la inversión fÃsica del gobierno federal ronda aproximadamente 2% del PIB, un nivel insuficiente para sostener el crecimiento potencial de la economÃa. México invierte menos que la mayorÃa de los paÃses del G20, lo que implica que no está construyendo la infraestructura necesaria para competir en un entorno global más exigente. Sin inversión en energÃa, agua, logÃstica y tecnologÃa, el paÃs difÃcilmente podrá aprovechar oportunidades como el nearshoring.
El déficit fiscal ya afecta el crecimiento potencial, que se estima alrededor de 1.6%, según proyecciones del FMI y del Banco Mundial. Con baja inversión y alto costo financiero, el crecimiento potencial seguirá limitado. El déficit fiscal no solo afecta el presente: compromete el futuro económico del paÃs.
Este déficit es un riesgo sistémico por cuatro razones: el costo financiero explosivo derivado de tasas altas y deuda creciente; la menor inversión pública que reduce el crecimiento futuro; el escaso espacio fiscal que aumenta la vulnerabilidad ante choques externos; y la dependencia de ingresos extraordinarios, como los petroleros. El déficit ya no es un problema contable: es un riesgo estructural.
México está gastando más de lo que su economÃa puede sostener. El déficit fiscal ya es un riesgo sistémico que limita el crecimiento y compromete el futuro.