La economía mexicana sin amortiguadores ante un choque externo

México enfrenta un ciclo global adverso sin amortiguadores internos. La estabilidad macroeconómica, aunque valiosa, ya no es suficiente para proteger al país de los choques externos que se avecinan.
01/10/2026

México entra a un ciclo global adverso sin defensas estructurales internas para mitigar choques externos. El nuevo entorno —marcado por tasas de interés más altas, menor liquidez internacional y tensiones geopolíticas persistentes— eleva la vulnerabilidad de las economías emergentes. Esta “nueva normalidad” es producto de políticas proteccionistas que han encarecido bienes y servicios, así como de la guerra en Medio Oriente, que ha impulsado al alza los precios del petróleo y sus derivados. La respuesta de la mayoría de los bancos centrales ha sido endurecer su postura monetaria para contener presiones inflacionarias.

El primer amortiguador que México perdió es la independencia de su política monetaria. El ciclo acomodaticio que Banxico podía seguir en otros momentos ya no es posible. Ante el endurecimiento de la postura de la Reserva Federal (Fed), Banxico debe vigilar de cerca el diferencial de tasas entre ambos países. Un movimiento en sentido contrario ampliaría esa brecha y provocaría salida de capitales, depreciación del peso y un repunte en las expectativas inflacionarias. En la práctica, México no controla su ciclo monetario: lo administra en función de Estados Unidos.

El segundo amortiguador ausente es la inversión pública, hoy en niveles históricamente bajos. El déficit fiscal limita cualquier expansión en este rubro, y el resultado es evidente: infraestructura insuficiente en energía, agua, logística y transporte. El país llega a este ciclo global sin capacidad instalada para absorber choques externos. El nearshoring, que podría ser un motor anticíclico, no puede funcionar sin la infraestructura adecuada.

El tercer amortiguador debilitado es el crecimiento económico. El crecimiento potencial de México se ubica entre 1.5 y 2% anual, insuficiente para generar ingresos fiscales robustos o para sostener programas de gasto en un entorno adverso. Un menor crecimiento implica menor recaudación, menor resiliencia y mayor presión fiscal.

El cuarto amortiguador que México no tiene es una política fiscal con margen de maniobra. El costo financiero es el rubro que más crece del presupuesto y ya supera los gastos en salud y educación. En un mundo de tasas altas, la deuda mexicana se vuelve más cara y difícil de financiar. Además, el déficit estructural limita la capacidad del gobierno para responder a choques externos sin comprometer la estabilidad macroeconómica.

Finalmente, la informalidad amplifica cualquier choque externo. Más del 55% de los trabajadores están en la informalidad. Sin protección laboral ni financiera, cualquier crisis global se traduce en una caída inmediata del ingreso y del consumo. La informalidad convierte choques externos en choques sociales.

Así, México enfrenta un ciclo global adverso sin amortiguadores internos: sin política monetaria independiente, sin inversión pública suficiente, sin crecimiento robusto, con finanzas públicas presionadas y con informalidad elevada. La estabilidad macroeconómica, aunque valiosa, ya no es suficiente para proteger al país de los choques externos que se avecinan.

jgarza@grupogamma.com.mx



JESÚS GARZA es director general de Soluciones Financieras GAMMA, CEO de Miri Capital LLC e investigador no residente de Baker Institute en la Universidad de Rice. Tiene un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera, ambas por la Universidad de Essex en el Reino Unido.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de Mobilnews.mx.

Más artículos del autor

Contenido reciente