El deterioro fiscal federal, el aumento persistente del costo financiero y la presión estructural de Pemex están empujando a México hacia una zona de riesgo soberano. Aunque los bonos mexicanos aún conservan el grado de inversión, la trayectoria fiscal y energética apunta a una posible degradación en los próximos años. Pemex es, hoy, el mayor riesgo para la calificación soberana del paÃs.
La petrolera tiene una deuda financiera que oscila entre 90 y 100 mil millones de dólares, según su reporte 20-F y estimaciones de HR Ratings. Es la petrolera nacional más endeudada del mundo. Su producción cayó de 3.4 millones de barriles diarios en 2004 a alrededor de 1.5 millones en 2024, lo que limita su capacidad de generar flujo para cubrir amortizaciones, inversión y operación. Este deterioro presiona directamente el déficit fiscal, que en 2025 alcanzó su nivel más alto en décadas y se refleja en un aumento acelerado de la deuda pública.
El costo financiero se ha convertido en una amenaza estructural. Los intereses de la deuda federal crecen más rápido que el gasto social. De acuerdo con la SecretarÃa de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el gobierno ya destina más recursos al pago de intereses que a salud o educación, una señal clara de que la deuda está desplazando gasto público esencial y reduciendo el margen fiscal para infraestructura, seguridad y energÃa.
La comparación con paÃses que han perdido el grado de inversión —Argentina, TurquÃa, Sudáfrica y Brasil en su momento— revela patrones similares: déficits crecientes, deuda cara, refinanciamientos complejos y empresas estatales con pérdidas estructurales. Pemex encaja plenamente en ese patrón y amplifica la vulnerabilidad del soberano.
Pero el riesgo soberano no proviene solo de Pemex. La revisión del TMEC en 2026 representa un punto crÃtico: más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen de Estados Unidos, que además es el principal inversor en México. Un resultado adverso afectarÃa inversión, manufactura y estabilidad macro. A esto se suma un deterioro institucional en regulación, energÃa, seguridad e inversión pública. Las calificadoras no solo evalúan cifras: también miden la fortaleza de las instituciones que sostienen la economÃa.
México no está en bono basura, pero el mercado ya descuenta un riesgo creciente de que lo sea. Los spreads de los bonos mexicanos frente a los estadounidenses, los CDS y las primas de riesgo muestran que los inversionistas anticipan una degradación. El mercado, como siempre, se adelanta a las calificadoras.