Dame, dame, dame todo el power, cantaba Molotov y continuaba: Para que te demos en la madre, una crítica dirigida al gobierno de México, de un México pre 4T. Hoy, en teoría, la presidenta emanada de ese movimiento concentra un gran poder, mayor, en teoría insisto, que el detentado por cualquier mandatario anterior.
Tan se presenta en teoría ese poder, que hasta senadores como Andrea Chávez, sienten que pueden retarlo, no hablemos de otros actores políticos como Andy o Adán Augusto.
Tanto así es la percepción, que analistas como Pablo Majluf señalan que “El régimen está tan mal cohesionado, sus nodos de poder son tan dispersos y Sheinbaum es tan débil, que ni siquiera pueden acusar de traición a un traidor de la propia coalición por miedo a que todo se les resquebraje”.
Aclaro, ni yo, ni creo que Majluf, estamos diciendo que Morena vaya a ser derrotada en 2027, lo que se percibe, eso sí, es que la presidenta no parece tener todos los hilos del poder en sus manos y que diferentes actores están aprovechando la situación para llevar agua a su molino.
Ejemplos hay varios, la ya mencionada Andrea Chávez con el apoyo de Adán Augusto, el senador con licencia Félix Salgado Macedonio, Layda Sansores y el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo.
Todos ellos, sin decirlo abiertamente, están retando al poder presidencial amparados en el supuesto, precisamente, de que no es la presidenta Sheinbaum quien en realidad ejerce el poder real, sino su antecesor o uno de sus hijos. También jugando en el escenario en el cual Sheinbaum será culpable de las consecuencias de situaciones heredadas.
En lo personal, hablo de la percepción que tengo debido a la forma en la que se maneja la presidenta Sheinbaum, quien insiste en que no existen diferencias entre ella y quien la antecedió en el cargo, sino que el proyecto es uno y el mismo.
Este tipo de declaraciones abre la puerta para que, quienes tienen un proyecto propio e independiente de lo que busca o puede buscar la presidenta, intenten jugar como lo recomendaba Gonzalo N. Santos: decir a uno una cosa y al otro otra, como si ya hubiera negociado con uno u otro. Hablo de aquél que dijo que la moral es un árbol que da moras o sirve para una chingada.
Es precisamente ese espacio que se genera entre el líder moral del movimiento y la líder formal de este, el que está siendo usado por varios actores políticos de la 4T para alcanzar sus metas sin importar las que pudiera tener la presidenta y lo que genera la percepción de que esta no tiene todos los hilos del poder.
Es, como dijera Gramsci, ese momento en el cual lo viejo no acaba de morir y lo nuevo de nacer, donde aparecen los monstruos. Y en esas andamos.