La presidenta Sheinbaum se enfrenta a situaciones que en otras circunstancias podrían no ser tan difíciles como lo son ahora. Tal es el caso de las acusaciones que, desde Estados Unidos, se presentan en contra del gobernador de Sinaloa, hoy con licencia, Rubén Rocha Moya.
El problema para la presidenta parte del contexto en que se presenta la solicitud de detención con miras a extradición de Rocha. Durante el sexenio pasado la política del expresidente López Obrador fue de no tomar en cuenta las acusaciones de corrupción en contra de miembros o militantes de su partido.
Era una cuestión de supervivencia, como ya lo he señalado en otras ocasiones, Andrés Manuel tuvo la necesidad de aliarse con personajes que no corresponden al perfil que requería una transformación como la propuesta en el discurso de la 4T.
En el 2018 lo importante, por no decir lo único, era ganar. Si para ello AMLO debía aliarse con personajes cuestionados, de otros tiempos y otros partidos, así lo iba a hacer. Insisto, el triunfo era lo único qué importaba.
El problema es que la estrategia, exitosa en el corto plazo, no lo fue tanto en el mediano y largo horizonte. Hoy, el haberse rodeado de individuos que tenían su propia agenda y sus propios objetivos, le está pasando factura en general a Morena y en lo particular a la presidenta Sheinbaum.
Priístas de todo el espectro de ese partido vieron en Morena la oportunidad de medrar como ya no podían hacerlo en su Instituto Político de origen. Hoy, el discurso de la “honestidad valiente” se cae a pedazos, pero no solo debido a aquellos quienes llegaron en la ola de 2018, sino porque integrantes originales del movimiento imitaron a sus compañeros de viaje.
Fue como si se abriera una compuerta y se pensara que no habría consecuencias, los casos de morenistas de cepa que presumen sus riquezas están a la vista de todos, no sé si las acusaciones en contra de Rocha Moya sean lo suficientemente sólidas para obtener una condena como la que purga hoy Genaro García Luna, sin embargo, si nos atenemos al tipo de juicios que se llevan a cabo en los Estados Unidos, seguramente el gobernador con licencia será sentenciado en ese país, como lo fue el secretario de Seguridad de Felipe Calderón.
En otras condiciones, lo más probable sería que la presidenta Sheinbaum concediera la detención para efectos de extradición y permitiera abrir el período de 60 días durante los cuales el vecino del Norte tendría que presentar sus pruebas.
La situación actual representa un problema para la presidenta debido a que al considerarse traicionados por la 4T, personajes como Rocha Moya seguramente intentarán convertirse en testigos protegidos sin considerar su participación en los hechos, ellos se piensan y se sienten libres de culpa, todo lo que hicieron, al parecer, lo justifican en aras del movimiento y de agradar a su líder. No tienen la disciplina de un René Bejarano.