Como ya lo he comentado en otras ocasiones, y como lo han comentado otros analistas, resulta obvio que la 4T, por más que sus dirigentes digan lo contrario, no es un movimiento monolítico, sino que está compuesto por lo que podríamos llamar “tribus”, muy similares a las que compusieron en su momento el PRD.
Debido a esa composición, sus miembros generalmente entran en conflicto entre sí debido precisamente a la diversidad de sus intereses, la mayoría de los cuales tienen que ver con temas personales de sus integrantes y no necesariamente con los grandes temas del movimiento fundado por AMLO, si es que existen estos.
En lo personal me parece que la búsqueda del poder es lo que une a muchos de los personajes que se nuclean en este partido-movimiento y precisamente en esa búsqueda se presentan choques que pueden degenerar en enfrentamientos al interior de Morena, como al parecer ya está sucediendo en torno a la reforma electoral que beneficia a este partido, pero puede perjudicar a sus aliados el Verde y el PT.
No falta mucho para que sepamos qué fue más fuerte, si la búsqueda de los objetivos de los partidos satélites o las cartas que puede jugar Morena para hacerlos entrar en razón, algunas de ellas pueden rayar en el chantaje, como lo adelantó Pablo Gómez.
Por si ello fuera poco, al interior de Morena se presenta un importante juego de vencidas entre los grupos más relevantes de ese partido, los llamados puros, encabezados por Clara Brugada y sus huestes, notablemente Martí Batres, quienes se consideran a sí mismos la quintaescencia de ese partido y los moderados que, sorprendentemente, por lo que dijera en su momento AMLO, se nuclean en torno a la presidenta Sheinbaum, quien en teoría debería estar en o con el otro grupo.
Aunque parezca prematuro, estos dos grupos, con divisiones en su interior, ya se están disputando la sucesión presidencial y ello se refleja en las pugnas que se presentan para ocupar determinados cargos, en algunos de los cuales están desplazando a miembros del grupo contrario.
Pero también se está planteando ya quién será la persona que decida las candidaturas a los diferentes puestos de elección popular en el 2027, momento que será de gran tensión, sobre todo entre la presidenta Sheinbaum y el expresidente López Obrador y en donde, o se presenta la ruptura entre ellos, o la presidenta dice adiós a su ilusión de algún día ejercer el cargo a plenitud.
No hablamos de que el sexenio de la presidenta Sheinbaum sea o vaya a ser una presidencia fallida, sino que, cómo lo hemos señalado en varias ocasiones, le tocó llegar a ese puesto en un momento por demás complicado, con un expresidente muy fuerte y un dirigente de los Estados Unidos que busca convertirse en el real poder en todo el continente americano, una tarea que no es fácil de desempeñar y en la cual muchos hubieran ya fracasado.
Se quiera o no, como marcan las leyes de la dialéctica, la 4T lleva en su seno el germen de su destrucción, veremos si los actuales problemas resultan suficientes para que esta se presente o si, cómo seguramente sucederá, el movimiento se transforma en algo distinto a lo que es hoy, lo cual puede ser para mejor, aunque también puede ser lo contrario. No hay certeza alguna por ahora.