Adióa, Aureliano Buendía

Que una persona con indicios graves de síndromes de personalidad y carácter ocupe la presidencia de Estados Unidos deja al realismo mágico a nivel de juego de niños.
24/04/2026

Ha sucedido lo increíble. El coronel no sólo no tiene quien le escriba; su lugar en la literatura del realismo mágico fue desplazado por un nuevo personaje de la vida cruda.

Hice a un lado mi copia vieja de Cien años de soledad, para atender puntualmente, día a día, las disquisiciones arrebatadas que en tiempo real hace Donald Trump superando a la imaginación literaria de los autores del “boom†latinoamericano.

Ningún escritor de esa generación con sus prototipos fantásticos como Aureliano Buendía, hubiera imaginado que sucedería algo así en el mundo angloparlante.

No hay caudillo latinoamericano que Miguel Angel Asturias, autor anterior al “boomâ€, hubiera retratado mejor en su obra El señor presidente que lo que el señor Trump nos ofrece cada día.

Que una persona con indicios graves de síndromes de personalidad y carácter ocupe la presidencia de Estados Unidos deja al realismo mágico a nivel de juego de niños.

Trump no cabe en Rayuela de Julio Cortázar, ni encaja en La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa.

Donald no puede habitar la Comala de Juan Rulfo (en Pedro Páramo) a riesgo de ahuyentar a los muertos.

No, no puede haber cabida para él en La sombra del caudillo (Martín Luis Gúzmán).

No sé en dónde ponerlo si no es en el boom latinoamericano o en la novela de la revolución mexicana.

“Una civilización va a terminar esta nocheâ€, es una frase para cuyo acomodo tendríamos que remontar a Homero y su Ilíada, pero ni siquiera Aquiles la hubiera pronunciado.

No. Aquí ocurrió otra cosa. Ahora, como diríamos en México, los patos le tiran a las escopetas.

De la cultura anglosajona poblada de magníficos escritores, poetas, ensayistas y pensadores surgió su prototipo opuesto. 

De sus artistas, músicos de jazz, artesanos, fotógrafos y pintores del paisaje americano surgió el representante del lenguaje de la vulgaridad extrema.

De haber vivido hasta hoy, John Steinbeck hubiera tomado algunos trazos de Donald para su obra Las uvas de la ira.

O quizá Hemingway hubiera escrito algo así como El viejo y la bomba.

Nada de eso. Trump reclama a pulso su lugar en la cumbre del poder norteamericano a un nivel que haría palidecer a los antiguos emperadores romanos.

A casi 80 años de vida, Trump ha logrado materializar en su persona la arrogancia de un Luis 14: “El Estado soy yo†sin incluir a Melania porque ella no tiene buen acento al hablar en inglés.

Digno de una novela de Tom Clancy, Donald Trump dejará como legado una veta literaria para ser explotada por los escritores del futuro en su país.

La cantidad e intensidad de sufrimiento humano que Trump ha hecho caer sobre su propia nación, no digamos en el exterior, será redimida por la literatura.

Adiós, coronel Aureliano Buendía. Adiós, realismo mágico. 

El Rey Trump saluda al mundo. 

Rogelio.rios60@gmail.com 



ROGELIO RÃOS HERRÃN estudió Relaciones Internacionales y es periodista de opinión sobre México y el mundo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de Mobilnews.mx.

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