La capital de Ucrania, la hermosa Kiev, ha padecido un verano bajo los bombardeos indiscriminados de las fuerzas armadas rusas que invadieron a ese paÃs en febrero de 2022.
Los misiles rusos apuntan a la población civil: almacenes comerciales, iglesias, jardines de niños, cafés, centrales generadoras de electricidad, fábricas y medios de transporte.
Oleadas de drones encabezan los ataques con el fin de abrumar a las defensas ucranianas.
Después, los misiles balÃsticos, hipersónicos y las bombas de racimo rusas completan la tarea.
Las noches se hacen eternas en los túneles del Metro que sirven de refugio a los ucranianos, me platican amigos mexicanos que residen allá.
Duermen vestidos con ropa de calle y saben perfectamente bien la ruta a la entrada del Metro más cercana.
El ejército ucraniano carece casi por completo de defensas aéreas para Kiev, pero ha logrado llevar la guerra de drones a territorio ruso.
Sin importar el número elevado de bajas rusas (“el molino de carneâ€, lo llaman soldados rusos sobrevivientes), Vladimir Putin no busca la paz más que como estrategia de engaño a Europa y Estados Unidos.
Las Naciones Unidas condenaron desde el inicio de la incursión ilegal rusa en 2022 a la Federación Rusa como el paÃs agresor de Ucrania y exigieron el retiro inmediato del ejército de ocupación.
La Corte Penal Internacional emitió en 2023 una orden de arresto por crÃmenes de guerra en contra de Vladimir Putin y MarÃa Belova, Comisionada para los Derechos del Niño en Rusia.
Los cargos: la deportación y el traslado ilegal de niños ucranianos durante la invasión rusa.
En una nuez, las acusaciones se fundamentan en lo siguiente:
1. Los ocupantes (Rusia) no tienen derecho a cambiar el estado civil de los niños. (Convención de Ginebra sobre la protección de personas civiles, 1949).
2. Putin y Belova violaron el derecho de los niños a un nombre y a la adquisición de la ciudadanÃa (Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño).
3. Rusia violó el principio de que nadie podrá ser expulsado, ni individual ni colectivamente, del territorio del Estado del que sea ciudadano (Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales).
El gobierno ucraniano reclama por lo menos 16 mil casos de deportación forzada de niños.
El gobierno ruso reconoció el traslado de dos mil niños “sin tutores†(retirados de orfanatos y hogares infantiles), y ordenó la simplificación del trámite de la ciudadanÃa rusa para ellos.
La orden de arresto internacional contra Putin y Belova no se ha cumplido.
Los residentes de Kiev, mientras tanto, tratan de llevar su vida normal y cotidiana durante el dÃa, pero se preparan para las noches de bombardeos inclementes.
En el lejano verano de 1983, Putin se casó con Liudmila Pútina (en Rusia la esposa adopta el apellido de su esposo con género femenino) y la feliz pareja decidió pasar su luna de miel en Kiev, ironÃas de la vida.
Después de dos hijas y varios años, el matrimonio terminó en divorcio en 2013.
¿Qué quiere Putin de Ucrania? ¿Por qué muestra el afán obsesivo de destrucción de Kiev y otras ciudades?
¿Por qué el nuevo zar que domina un territorio de poco más de 17 millones de kilómetros cuadrados invade Ucrania y se apropia de una quinta parte del paÃs?
Aparte de estas preguntas, es necesario plantear otras más inquietantes.
¿Por qué ha permitido Europa la agresión rusa a Ucrania desde 2014?
¿De qué sirvieron la OTAN y la Alianza Atlántica con Estados Unidos si Putin no fue frenado en sus ambiciones imperiales?
¿Por qué los gobiernos nacionales de Morena son claramente partidarios de Rusia y callan ante la agresión a Ucrania?
Cada dÃa en punto de las 12:00 horas, hago una pausa al mediodÃa para reflexionar y elevar una oración por Kiev.
Son las 9 de la noche en Ucrania y los kievitas se disponen a dormir con una oreja pegada a las alarmas contra bombardeos.
Terminarán la noche refugiados en un túnel del Metro.