De entre las posibles combinaciones durante las fases eliminatorias de la Copa FIFA 2026 que arranca en junio, desconozco si habrá un partido de fútbol entre México y Estados Unidos.
Si lo hubiere, estaría de pronóstico reservado: ante las fricciones y agravios políticos, nada mejor que desahogar la tensión en una cancha de fútbol.
El problema es que, si nos atenemos a las tendencias recientes, la selección de fútbol de Estados Unidos podría golear al equipo tricolor.
Humillados en la política y en la cancha de futbol, los mexicanos tendríamos que aceptar que desde hace tiempo perdimos el paso con USA.
La solicitud de extradición de Rocha e Insunza, dos políticos de alto nivel en el partido oficialista Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), más ocho funcionarios del estado de Sinaloa, es la cereza en el pastel de la ruptura de la relación bilateral.
No es como si hubiera caído un meteorito.
Más bien, el desgaste ha sido gradual desde que, durante los primeros años de entrada en vigor del TLCAN, se vio con claridad que México no podría mantener el paso a Estados Unidos y Canadá.
No es una sorpresa que un país subdesarrollado como el nuestro no funcione al nivel de las economías e instituciones de canadienses y estadounidenses.
Lo que sí desconcierta es que, lejos de reconocer esa realidad, los mexicanos seguimos pretendiendo que podemos seguir recibiendo los beneficios del TMEC (sucesor del TLCAN) sin tener un estado de derecho.
Creen en Morena, por ejemplo, que destruir la democracia mexicana no tiene relación con el TMEC, pues a los “gringos” lo que les interesa es ganar dinero, no apoyar las libertades civiles.
Creen también en Morena, bajo esa misma lógica, que mientras los “gringos” sigan ganando dólares en México no les importará que se tejan lazos de complicidad entre gobernantes y el crimen organizado.
El grave error de juicio del partido gobernante, exhibido desde López Obrador hasta Sheinbaum, es la incomprensión manifiesta del funcionamiento y la estructura de Estados Unidos.
Defender a toda costa a Rocha Moya, Insunza y cómplices sinaloenses es reflejo de la mentalidad torcida de los morenistas a la que hago referencia.
Encerrados como están en su fortaleza ideológica, repelentes a críticas, consejos o sugerencias, los morenistas lograron lo imposible: romper con Estados Unidos creyendo que se saldrán con la suya.
Mientras esperamos las represalias de Washington, es posible que el Mundial 2026 nos regale la oportunidad de medir fuerzas en un campo deportivo entre selecciones nacionales.
Si ese fuera el caso, disfrutaré el encuentro como aficionado al fútbol y diré que lo que pase en la cancha se quedará en la cancha.
En la política, desafortunadamente, aplica la lógica contraria: lo que pase en la cancha no se quedará ahí y se extenderá a todas partes.
Si una cosa nos ha enseñado la historia a los mexicanos -a excepción de los morenistas- es que en ninguna confrontación abierta con Estados Unidos hemos salido triunfadores.
Desde ahora, solicito a los morenistas que asuman la plena responsabilidad de sus trapacerías y estulticia política.
No vengan después con el cuento del masiosare y la defensa de la patria cuando ellos la han apuñalado desde adentro.
Que con su pan se lo coman.