Durante un viaje en 2002 a varias ciudades de Estados Unidos como parte de un grupo de periodistas mexicanos invitados por el Departamento de Estado, me di cuenta por primera vez de lo que ahora se denomina “precariedad laboral†de los periodistas.
En el caso de Miguel, reportero de radio de Puebla, el viaje lo hizo condicionado por su patrón a enviar una nota al dÃa durante los quince dÃas del tour.
Él iba sin viáticos de la empresa, bajo el pretexto de que el gobierno americano se los darÃa y presionado al máximo para cubrir su nota diaria.
En algún momento de la visita a la sede del Departamento de Estado -en Washington- Miguel escuchó con angustia que no se permitirÃa grabar ni fotografiar a ningún funcionario durante las pláticas con ellos.
“No tendré nota para enviar hoyâ€, me dijo. “A ver si no me correnâ€.
Al final del dÃa, salvó la cuota diaria entrevistando a una empleada que hablaba español.
Su sueldo, recuerdo bien, no llegaba a cinco mil pesos mensuales. Era soltero, pero tenÃa que vivir con sus padres.
Recordé esta anécdota al leer en LatAm Journalism Review una nota titulada “En partes de México, los periodistas venden sus coberturas para apenas sobrevivirâ€.
El autor, César López Linares, entrevistó a reporteros que ganan menos del salario mÃnimo de Veracruz y Oaxaca y aceptan pagos por coberturas.
Los pagos varÃan entre 200 y 500 pesos por nota y abarcan desde denuncias ciudadanas hasta polÃticos locales que buscan cobertura.
En Veracruz, la mayorÃa de los periodistas asalariados ganan entre 4 mil y 6 mil pesos mensuales.
“Estos periodistas son los que se ven obligados a cobrar la nota cuando reportan porque tienen que autosustentarse, pero eso no quita que sea un vicio del periodismoâ€, expresó Ãngel Cortés, director de e-consulta en Veracruz.
En Oaxaca, Paulina RÃos, directora del portal digital LÃnea 3, ante lo apretado de la situación económica, aceptó algo que nunca habÃa querido hacer.
Paulina firmó convenios de publicidad con diversas autoridades locales, a cambio de lo cual publica notas y videos informativos.
“Esto me ha permitido tener dinero para solventar mis gastosâ€, dijo.
Hasta ahora, ella ha sabido manejar los compromisos de los convenios sin variar su lÃnea editorial, aunque no se siente a gusto en esa frágil situación.
Ante el cierre de medios de comunicación tradicionales, “la inmensa mayorÃa de compañeros han estado migrando a las plataformas digitales y al autoempleoâ€, dijo Humberto Cruz, periodista oaxaqueño.
En ese estado, los periodistas en situación apremiante cobran unos 120 pesos por cobertura.
Veracruz y Oaxaca, estados gobernados por funcionarios morenistas, son dos de los territorios más violentos para el ejercicio del periodismo.
AhÃ, además de la violencia, la precariedad pega a los periodistas.
Asà que cuando la discusión nacional se enfoca ahora a los burdos intentos de censura de medios de comunicación digitales desde Palacio Nacional, a mà me suena a burla del gobierno nacional.
Periodistas asesinados en Veracruz y Oaxaca y los que trabajan en indefensión absoluta son, además, vÃctimas de la precariedad laboral.
No somos Dinamarca tampoco en el respeto gubernamental a la profesión del periodismo.
Descendemos a niveles de barbarie en algunos estados de la república con gobernadores que libran una lucha a muerte, literalmente, contra el periodismo crÃtico.
No sólo se enfrentan los periodistas a dilemas éticos, sino al mayor reto de sus vidas: sobrevivir como periodistas.
Para ellos no hay cobertura. Solo muerte y precariedad.
En memoria de Alejandro Leyva Aguilar.