En este espacio ya hemos hablado en distintas ocasiones sobre la violencia digital y la facilidad con la que las redes sociales pueden convertirse en escenarios de linchamientos públicos.
Basta un comentario desafortunado para que la conversación deje de centrarse en las ideas y se transforme en una competencia por ver quién insulta más fuerte. Y no, no estoy defendiendo comentarios irresponsables. Estoy cuestionando algo mucho más preocupante: la facilidad con la que respondemos a la violencia... con más violencia.
Esta semana ocurrió un caso que volvió a poner el tema sobre la mesa. Pedro Sola, conductor del programa Ventaneando, hizo comentarios muy desafortunados sobre los espacios pet friendly y las personas que conviven con sus mascotas. Entre otras expresiones, dijo que le daban ganas de "aventar un trozo de carne envenenada" a los perros y que a algunos dueños "les darÃa un balazo". Más allá de que después se disculpó y argumentó que se trataba de una exageración o de un comentario hecho al calor de la conversación, la realidad es que normalizar ese tipo de expresiones resulta preocupante, sobre todo cuando provienen de una figura pública con un micrófono y una audiencia nacional.
Sin embargo, igual de preocupante fue la respuesta. Las redes sociales se llenaron de llamados al boicot, insultos, amenazas e incluso mensajes deseando que él fuera envenenado o agredido. Es decir, se condenó un discurso violento respondiendo con más violencia.
Hoy es común hablar de la "funa", un término utilizado para describir el señalamiento o la condena pública, principalmente en redes sociales, hacia una persona por alguna conducta considerada reprobable. En muchos casos la funa busca exigir responsabilidad. El problema aparece cuando deja de ser una crÃtica y se convierte en un espacio para el odio, las amenazas y la deshumanización. Entonces deja de ser justicia social para convertirse en un linchamiento digital, que en muchos casos, pudiera pasar al mundo real.
Es cierto que la sociedad ha cambiado. Ahora existe una mayor conciencia sobre el bienestar animal y cada vez son más los espacios que permiten la convivencia con mascotas, pero también es verdad que no todos los establecimientos están preparados para ser verdaderamente pet friendly y que algunos adoptan esa etiqueta más por miedo a una funa que por cumplir con las condiciones adecuadas.
El caso de Pedro Sola no es aislado, hace unos dÃas una periodista mexicana, Ana Valero de Fox Sports también hizo un llamado para llevarle serenata a los ecuatorianos antes de su partido con la selección mexicana, después ella escribió “¡Dije serenata y lo interpretaron como guerra mundial!"
También vimos a una senadora de Paraguay burlarse del origen de un jugador francés, a otro periodista argentino desdeñar y emitir expresiones de odio hacia un paÃs entero.
Las redes sociales nos han dado voz a todos. Lo que todavÃa no aprendemos es que tener voz también implica responsabilidad. Porque una cámara, un micrófono o una cuenta con miles de seguidores amplifican cualquier mensaje.
Quizá el mayor riesgo de esta época no sea la existencia de discursos intolerantes. Es creer que, si miles de personas aplauden un ataque, entonces ese ataque deja de ser incorrecto.
La popularidad nunca ha sido un criterio moral. Los "me gusta" tampoco.
Si queremos una sociedad más respetuosa, tendremos que empezar por revisar nuestras propias formas de participar en la conversación. Porque el odio no desaparece cuando cambia de vÃctima. Solo cambia de dirección.
Todos los comentarios son bienvenidos a veronica@vaes.com.mx
Nos leemos la próxima vez. Hasta entonces.