Cuando salieron las acusaciones en contra de Rubén Rocha Moya, ex Gobernador de Sinaloa, Claudia Sheinbaum y MORENA lo pudieron dejar solo, incluso entregarlo a los Estados Unidos, lo cual les habría generado una imagen positiva, ya que hubieran demostrado su compromiso de cero tolerancia contra personajes ligados al crimen organizado, comenzando por los de su propio partido, pero en cambio optaron por protegerlo.
La Presidenta salió a defenderlo de forma pública, aduciendo que Estados Unidos no había presentado pruebas suficientes, legisladores y gobernadores de MORENA sacaron sendos desplegados.
Se la jugaron con Rocha y ahora ese mismo personaje hizo un movimiento que los dejó descolocados a todos, volvió a la Gubernatura de Sinaloa y reculó a los dos días.
Esto propició una rápida estrategia de desmarques, comenzando con la Presidenta, el partido MORENA, los aliados del PT y el PVEM, los gobernadores afines, así como las bancadas, el problema es que dado que hasta hace unas semanas aún defendían a este personaje, los desmarques no se ven genuinos, por lo que el daño en el legado histórico de Claudia Sheinbaum es ya permanente.
Aún si MORENA y Sheinbaum van en contra de Rocha Moya, lo arrestan y procesan en México, o bien lo envían a los Estados Unidos para que responda ante la justicia de dicho país, nadie podrá borrar los meses en los que se protegió e incluso encubrió a este personaje.
Para efectos prácticos, metieron las manos al fuego por la persona equivocada, no sólo porque todos los indicios nos llevan a pensar en la colusión de este personaje con el Cártel de Sinaloa, sino también porque él mismo ha demostrado que no sabe jugar en equipo, porque lo ayudaron y él debía mantener un perfil bajo, apostando a que su tema fuera perdiendo vigencia en la opinión pública, pero en cambio le echó gasolina al fuego, regresando a la Gubernatura (aún con la posterior renuncia) y volviendo a darle vigencia al escándalo, al tiempo que le genera costos a todas las personas que lo protegieron.