Darío Fritz

TERRITORIOS BALDÍOS
Lo malo de los Mundiales de futbol son las sintonías cercanas con el fracaso. En las definiciones inmediatas aturde de pensar en la caída próxima.


Confrontar con la obviedad lleva décadas acumuladas. Los resultados le dan la razón a la abundancia de desengaños. Cero impunidad se ha anunciado una y otra vez.


Hoy, desde el poder se condiciona con el ingreso a una sala de prensa, se informa por X y TikTok para evitar el contacto con las fuentes, se potencian en redes sociales a los afines para diluir la crítica.


En principio parecería que México se desmorona, tras la decisión de Trump sobre el TMEC. Hasta que alguna voz reconocida trae orden ante la aprehensión y se reestablece el equilibrio.


La naturaleza tiene sus razones para arrasar. Los que viven al margen de la ley, la seguridad de no rendir cuentas.


Si el día de mañana el liberalismo extremo triunfa quizá hasta las estatuas de Lázaro Cárdenas se conviertan en sinónimo de vergüenza, motivo para derribarlas.


Sobreviven sobre lo que el presente les permite alcanzar. Nunca a la deriva, con ojos bien abiertos, curados de promesas incongruentes. Allí están las madres que buscan a sus hijos desaparecidos.


Mucha expectativa para quince días, pero en un segundo un árbitro pita y la desbarata. Y cada quien a su casa. O quizá haya otro partido, otro y otro. Eso lo puede hacer eterno.


Al cabo de casi nueve décadas, en EUA las condiciones laborales han mejorado para los trabajadores agrícolas migrantes, pero hay otros entornos que permanecen inalterables.


A veces nos equivocamos de cabo a rabo, y algunos de los editores universitarios llegan a ocupar gustosos y presumidos ese lugar de “hijos del diablo”.


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