Al comienzo del sexenio de la presidenta Sheinbaum, tuve una conversación con un empresario que ha participado en distintos consejos asesores de presidentes y gobernadores. Me decÃa que, por lo general, estos espacios comienzan con entusiasmo y grandes expectativas, pero con el tiempo terminan diluyéndose. Más allá de reencontrarse con viejos conocidos, pocas veces generan resultados concretos. También comentaba que, conforme avanzan los gobiernos, el seguimiento suele delegarse a funcionarios de menor nivel y el interés se va perdiendo.
Por eso le sorprendió el funcionamiento inicial del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización (CADERR). Desde el arranque, nos decÃa, percibió un compromiso distinto: participación directa del gobierno, seguimiento puntual y un plan de trabajo claro.
Vale la pena recordar que el CADERR fue creado como parte del llamado Plan México, con el objetivo de fortalecer cadenas productivas nacionales, impulsar el desarrollo regional y acelerar la industrialización del paÃs. En el fondo, busca algo que México habÃa dejado de discutir durante muchos años: una polÃtica industrial.
La semana pasada vimos uno de sus primeros resultados tangibles. El gobierno federal firmó el “Acuerdo para el Fomento de la Industria Siderúrgica Mexicanaâ€, en el que participan 19 instituciones públicas y representantes de la industria. El objetivo es claro: priorizar el uso de acero mexicano en compras públicas vinculadas a carreteras, hospitales, vivienda, escuelas e infraestructura estratégica.
No es un tema menor. México consume cerca de 28 millones de toneladas de acero al año, pero aproximadamente la mitad es importada, principalmente desde Asia. En un entorno internacional marcado por tensiones comerciales, subsidios y presión sobre las cadenas de suministro, fortalecer la capacidad industrial nacional deja de ser solo un asunto económico y se convierte en un tema estratégico.
México parece estar regresando a una conversación que habÃa abandonado: la polÃtica industrial. Pero la diferencia entre narrativa y polÃtica pública es la ejecución. Firmar acuerdos genera titulares y sirve para la foto; darle seguimiento genera resultados.
El acuerdo siderúrgico puede marcar el inicio de una nueva etapa o convertirse en otro esfuerzo que termine diluyéndose con el tiempo. La diferencia estará en la capacidad de ejecución, seguimiento y corresponsabilidad. Porque esto no depende únicamente del gobierno; el sector privado también tendrá que involucrarse más, asumir riesgos y construir una visión de largo plazo.
El CADERR será relevante solo si logra producir resultados tangibles.
Porque hoy, más que consejos, México necesita resultados.