Durante mas de veinte a帽os me he dedicado a la comunicaci贸n. He entendido su poder, su alcance y tambi茅n sus riesgos.
Porque comunicar no es s贸lo informar. Es influir, es construir percepci贸n, es incidir en la manera en que una sociedad interpreta la realidad.
Y justamente por eso, hay limites que no deber铆an cruzarse. Uno de ellos es cuando la justicia deja de resolverse en los tribunales y comienza a intentarse en los medios.
En los 煤ltimos a帽os hemos visto casos profundamente dolorosos y complejos que han sido llevados al espacio p煤blico con una intensidad mediatica que muchas veces rebasa la dimensi贸n legal.
Casos que, por su propia naturaleza, requieren sensibilidad, rigor y responsabilidad.
Tambi茅n hemos visto otra cara. La de quienes buscan utilizar los medios no para visibilizar una causa legitima, sino como una estrategia. Como una forma de presi贸n. Como un intento de construir una narrativa que no necesariamente corresponde con los hechos.
He sido testigo de c贸mo se puede intentar distorsionar la realidad a trav茅s de la mediatizaci贸n de un proceso legal.
De c贸mo, en lugar de cumplir con obligaciones claras, se opta por pagar espacios, buscar micr贸fonos. Es una estrategia que no busca justicia, busca percepci贸n.
Porque es m谩s f谩cil generar empat铆a p煤blica que asumir responsabilidades privadas. M谩s f谩cil dar entrevistas que cumplir con lo que corresponde. M谩s f谩cil construir una historia que sostener la verdad.
Y en ese punto, la comunicaci贸n deja de ser una herramienta y se convierte en un mecanismo de manipulaci贸n.
No lo digo solo yo. Desde el propio Poder Judicial en Coahuila se ha se帽alado con claridad que los asuntos deben resolverse en los tribunales, no en los medios.
Que la exposici贸n medi谩tica puede distorsionar los procesos, generar presiones indebidas y afectar tanto a las partes como al debido proceso.