El silencio oficial

La libertad de expresi贸n jam谩s se dise帽贸 para proteger medios d贸ciles o periodistas alineados con el gobierno. Su raz贸n de existir consiste precisamente en garantizar el derecho a cuestionar, incomodar, exagerar e incluso irritar al poder.
28/05/2026

La v铆spera del D铆a de la Libertad de Expresi贸n encuentra a M茅xico atrapado en una paradoja profundamente amarga: nunca existieron tantas plataformas para hablar y jam谩s hab铆a resultado tan costoso disentir del poder. 

El r茅gimen que lleg贸 prometiendo apertura democr谩tica, pluralidad y fin de la censura termin贸 construyendo un sofisticado aparato cotidiano de presi贸n pol铆tica contra periodistas, medios y voces inc贸modas. 

La censura en tiempos de la Cuarta Transformaci贸n ya no necesita polic铆as entrando a redacciones ni oficinas clausuradas por Gobernaci贸n. 

El m茅todo evolucion贸. Ahora funciona mediante linchamientos desde el poder, campa帽as digitales, presi贸n fiscal, asfixia publicitaria y deslegitimaci贸n sistem谩tica desde la tribuna presidencial.

Durante a帽os L贸pez Obrador convirti贸 las ma帽aneras en tribunales pol铆ticos. Desde ah铆 se帽alaba periodistas, exhib铆a reportajes, desacreditaba investigaciones y colocaba nombres propios frente a millones de personas. 鈥淧rensa fif铆鈥, 鈥渕ercenarios鈥, 鈥減asquines inmundos鈥, 鈥渧endidos鈥: el lenguaje presidencial dej贸 de ser simple ret贸rica y termin贸 funcionando como una forma de se帽alamiento institucional. 

La consecuencia fue inmediata. M茅xico se convirti贸 en un pa铆s donde ejercer el periodismo cr铆tico implicaba enfrentar simult谩neamente al crimen organizado, a estructuras locales de poder y ahora tambi茅n a una maquinaria digital impulsada desde el oficialismo.

La herencia permanece intacta. Claudia Sheinbaum intent贸 suavizar el tono, aunque preserv贸 exactamente la misma l贸gica pol铆tica: dividir a los medios entre aliados funcionales y adversarios sospechosos. La diferencia radica apenas en el estilo. L贸pez Obrador golpeaba con mazo. La presidenta utiliza bistur铆, iron铆a y descalificaci贸n calculada.

Hace apenas unos d铆as cruz贸 una frontera particularmente delicada. Desde Palacio Nacional llam贸 p煤blicamente a dejar de ver TV Azteca. La presidenta acus贸 a la televisora de mantener campa帽as de manipulaci贸n y desinformaci贸n. El episodio habr铆a resultado grave en cualquier democracia seria. 

Pronunciado desde el poder presidencial adquiere otra dimensi贸n. Porque cuando la jefa del Estado se帽ala directamente a un medio y sugiere castigarlo mediante el rechazo de audiencias, el mensaje deja de ser una simple cr铆tica y se convierte en presi贸n pol铆tica con implicaciones econ贸micas y simb贸licas.

Todav铆a m谩s revelador resulta el contexto de fondo. Ricardo Salinas Pliego mantiene una guerra abierta con el gobierno federal derivada de litigios fiscales multimillonarios. 

Morena convirti贸 al empresario en uno de sus villanos favoritos y el empresario respondi贸 utilizando TV Azteca y redes sociales como trincheras permanentes contra el oficialismo. La invitaci贸n presidencial a abandonar la televisora aparece entonces menos como una defensa 茅tica de la informaci贸n y m谩s como parte de una disputa pol铆tica y econ贸mica profundamente personal.

Y ah铆 aparece el verdadero peligro.

La libertad de expresi贸n jam谩s se dise帽贸 para proteger medios d贸ciles o periodistas alineados con el gobierno. Su raz贸n de existir consiste precisamente en garantizar el derecho a cuestionar, incomodar, exagerar e incluso irritar al poder. 

El problema actual radica en que la Cuarta Transformaci贸n parece concebir la prensa bajo una l贸gica binaria y profundamente autoritaria: periodistas afines reciben acceso, contratos publicitarios y legitimidad p煤blica; periodistas cr铆ticos son convertidos en enemigos pol铆ticos.

El resultado termin贸 construyendo uno de los ambientes m谩s hostiles para el ejercicio period铆stico en d茅cadas. M茅xico sigue apareciendo entre los pa铆ses m谩s peligrosos del mundo para ejercer la profesi贸n. 

Reporteros asesinados, medios infiltrados por crimen organizado, amenazas permanentes y zonas completas donde informar significa jugarse literalmente la vida forman parte de la normalidad nacional. A esa violencia estructural se suma ahora una erosi贸n constante impulsada desde el poder.

Cada vez que la presidenta desacredita periodistas cr铆ticos desde la tribuna presidencial alimenta exactamente ese ecosistema de hostilidad.

La situaci贸n resulta todav铆a m谩s preocupante porque el oficialismo logr贸 perfeccionar un mecanismo extraordinariamente eficaz: convertir toda cr铆tica en conspiraci贸n pol铆tica. 

Cualquier investigaci贸n sobre corrupci贸n, v铆nculos criminales, tr谩fico de influencias o irregularidades gubernamentales recibe inmediatamente el mismo tratamiento. Primero desacreditan al periodista. Despu茅s cuestionan al medio. M谩s tarde hablan de campa帽as financiadas por adversarios pol铆ticos o intereses extranjeros. 

Finalmente el contenido original desaparece sepultado bajo ruido ideol贸gico.

As铆 el poder evita responder preguntas inc贸modas y transforma el periodismo en pleito partidista.

Mientras tanto, las redes sociales operan como nuevos aparatos de intimidaci贸n. 

Influencers militantes, cuentas oficiales, operadores digitales y ej茅rcitos de bots participan diariamente en campa帽as de hostigamiento contra periodistas independientes. El viejo autoritarismo mexicano censuraba mediante llamadas telef贸nicas desde Bucareli. El nuevo modelo lo hace mediante tendencias, linchamientos digitales y desgaste reputacional masivo.

La iron铆a hist贸rica resulta devastadora. El movimiento que pas贸 a帽os denunciando censura, manipulaci贸n medi谩tica y abuso presidencial descubri贸 s煤bitamente las virtudes del control narrativo una vez instalado en Palacio Nacional. Morena se presenta permanentemente como v铆ctima medi谩tica aun siendo la fuerza pol铆tica dominante del pa铆s. El r茅gimen act煤a como oposici贸n perseguida mientras concentra el poder presidencial, legislativo y territorial m谩s amplio de las 煤ltimas d茅cadas.

La contradicci贸n retrata el verdadero fondo del problema: el oficialismo jam谩s quiso pluralidad; quer铆a hegemon铆a narrativa.

Por eso cualquier voz cr铆tica termina siendo tratada como amenaza pol铆tica. Por eso periodistas inc贸modos aparecen diariamente exhibidos desde la tribuna presidencial. Por eso medios cr铆ticos enfrentan presi贸n fiscal, campa帽as de desprestigio o p茅rdida de publicidad oficial. Por eso el gobierno parece obsesionado con desacreditar antes que responder.

Y en medio de todo eso aparece la pregunta m谩s inc贸moda de cara al D铆a de la Libertad de Expresi贸n: 驴qu茅 clase de democracia construye un poder que necesita se帽alar periodistas para sostener su narrativa?

Las democracias rara vez mueren mediante censura abierta y brutal. Generalmente se deterioran de manera gradual. Primero llegan las descalificaciones. Despu茅s el descr茅dito. M谩s tarde la presi贸n econ贸mica. 

Finalmente aparece la autocensura, ese momento donde periodistas y medios comienzan a calcular qu茅 temas vale la pena tocar y cu谩les podr铆an resultar demasiado costosos.

M茅xico empieza peligrosamente a reconocer cada una de esas etapas.

Y quiz谩 ah铆 radique la se帽al m谩s alarmante de todas.

Tiempo al tiempo.

hegm71@gmail.com



H脡CTOR GUERRERO es periodista director de @politicamx @TiempoReal_mx y @losfuertes.mx.

Las expresiones aqu铆 vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opini贸n y no necesariamente reflejan la postura editorial de Mobilnews.mx.

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