El ciudadano de a pie, el que cada día sale a trabajar para llevar comida a su mesa y que para hacerlo batalla, literal y figuradamente, para alcanzar un camión que lo lleve a su destino, de ida y vuelta y que en esos trayectos invierte cuatro o más horas que bien podría utilizar en convivir con su familia, ese ciudadano quiere tener un buen transporte, un trabajo en el que gane lo suficiente para que su familia, y él mismo, pueda vivir lo mejor posible.
Ese ciudadano que ahorra para poder pagar las cuotas necesarias para que sus hijos estudien alguna carrera, con la esperanza de que ello les permita a sus descendientes vivir una vida que a él se le ha negado, no tiene tiempo para pensar en los grandes temas de gobierno, en salir a reclamar por el mal servicio de los camiones, pero también por la falta de seguridad que lo hace potencial víctima de quienes se dedican a delinquir.
Ese ciudadano no tiene tiempo para reclamar el mal estado de las calles, no es que no le importe, es que tiene otras prioridades, muchos de ellos viven al día, sufren para completar “el gasto”, entiende que el gobierno ha fallado en crear las condiciones para que pueda obtener un mejor salario, pero no tiene tiempo de reclamar, no pide que le den, sino que desea tener la oportunidad de encontrar un trabajo en el cual puedan ganar un salario que les permita tener una vida digna, o que la tengan sus hijos.
De esa urgencia por sobrevivir se aprovechan muchos políticos para engañar a esos ciudadanos y venderles la idea de que ellos trabajarán para que las cosas sean como el ciudadano las requiere, pero solamente se acuerdan de ellos en época de elecciones.
Por eso Nuevo León huele a corrupción, a engaño, porque los legisladores solamente ven su cargo como un escalón para subir en la escalera que los lleva a los puestos en los cuales podrán lucrar de diferentes formas.
Huele a CORRUPCIÓN, así con mayúscula, porque el ejecutivo no genera las condiciones para que el proceso educativo permita a los estudiantes alcanzar los niveles que requiere hoy el mundo, un gobierno que dice traer inversiones de todo el mundo, pero que no trabaja para que esas inversiones sean del tipo que pagan salarios dignos, suficientes para tener una vida que sea algo más que simplemente sobrevivir.
Nuevo León huele a CORRUPCIÓN porque en sus hospitales públicos falta de todo y eso impacta en la calidad de vida de los nuevoleoneses, porque ante una enfermedad catastrófica la alternativa es la ruina económica o la muerte.
Nuevo León huele a CORRUPCIÓN porque los políticos creen que con dádivas que apenas permiten respirar hoy, cumplen con su trabajo, pero no se preocupan porque con sus acciones están hipotecando el futuro de todos nosotros.
Nuestro estado no merece eso, es hora de que tengamos gobiernos que se preocupen por realizar su trabajo de la mejor forma posible, basta ya de políticos que falten a sus obligaciones, recuerde usted que en su mano tiene el arma que puede cambiar todo: su voto, con él puede acabar con la CORRUPCIÓN.