El marketing moderno: palabras que impresionan, resultados que faltan 

La innovación no está en cambiarle el nombre a las cosas, sino en hacerlas mejor. Antes de contratar una agencia, conviene hacer preguntas para entender la estrategia que propone y que efectos esperar.
15/10/2026

Hay palabras que, cuando se pronuncian en inglés, parecen valer el doble. Y si además se acompañan de una presentación con gráficos de colores y algunas siglas estratégicamente colocadas, pueden convencer a más de uno de que está frente a una estrategia extraordinaria.

Hasta que pasan los meses y los resultados no aparecen.

Pues eso le paso a uno de mis clientes, le llamaremos Don Armando, quién desesperado me contacto, pensando que yo, al ser una mujer ni tan grande, ni tan chica, quizás entendería exactamente qué le vendieron que sonaba tan bien, pero que no le trajo resultados.

De acuerdo con su descripción, la agencia estaba integrada por jóvenes, promesas del marketing, que le hablaron de una radiografía de huella digital (que no es otra cosa que revisar qué hay de una marca en internet, pero con nombre de estudio médico), un framework metodológico (o sea un método de trabajo con nombre de presentación ejecutiva), un digital twin (gemelo digital, porque al parecer una marca ya no puede vivir sin su doble virtual), un customer journey (el recorrido que hace un cliente antes de comprar, o sea, el camino hacia la caja) y un storytelling disruptivo (contar una historia de manera diferente, procurando que la palabra «disruptivo» no falte en la propuesta). 

Todo para generar brand awareness (que la gente conozca la marca) y colocarla en el top of mind (ser la primera que le viene a la cabeza al consumidor). Todo sonaba espectacular. Solo faltaba un pequeño detalle: que alguien explicara cómo tanta sofisticación terminaba convirtiéndose en clientes y ventas.

El cliente no entendió buena parte de aquellos conceptos, pero supuso que, si todo sonaba tan sofisticado, debía de haber una estrategia sólida detrás.

Pasaron tres meses. No llegaron los prospectos que esperaba ni se concretaron los negocios que buscaba.

Cuando preguntó qué estaba pasando, recibió una respuesta que merece su propio lugar en el diccionario de las excusas corporativas:

«Nosotros hacemos branding y marketing digital, no somos vendedores. El área de ventas es tu problema».

Y aquí es donde conviene detenerse. Porque una cosa es delimitar responsabilidades y otra muy distinta es utilizar esa frontera para evadir cualquier responsabilidad por los resultados.

Y es que el espanglish no es una estrategia, las buzzwords —esas palabras de moda que abundan en las presentaciones ejecutivas y en LinkedIn— no son malas por sí mismas. al contrario, muchos términos especializados describen conceptos útiles y prácticas necesarias. El problema comienza cuando el vocabulario sustituye al pensamiento.

Por ejemplo, llamarle framework a una metodología no la vuelve mejor. Hablar de un customer journey no significa que se haya entendido cómo compra el cliente. Y bautizar una estrategia como disruptiva no demuestra que tenga algo de diferente.

La innovación no está en cambiarle el nombre a las cosas, sino en hacerlas mejor.

Y es que si una agencia no puede explicar con claridad qué va a hacer, por qué lo va a hacer, cómo medirá los avances y qué espera conseguir para el negocio, hay motivos para cuestionar su propuesta. El cliente no tendría que necesitar un traductor de jerga corporativa para comprender por qué está pagando.

Es cierto: marketing no es lo mismo que ventas. No tienen necesariamente las mismas funciones, los mismos indicadores ni las mismas responsabilidades. Una campaña puede generar oportunidades, pero el cierre depende también de la oferta, el precio, la competencia, la atención y la capacidad del equipo comercial.

Sin embargo, de ahí a decir que marketing no tiene nada que ver con vender hay una distancia enorme.

Marketing debe entender el negocio al que sirve. Necesita conocer al público, identificar sus necesidades, comunicar una propuesta de valor convincente y atraer a las personas con mayor probabilidad de convertirse en clientes. También necesita evaluar qué sucede con los contactos que genera y trabajar de la mano con el área comercial para corregir lo que no funciona.

Porque conseguir miles de visualizaciones no equivale a conseguir clientes. Acumular seguidores no garantiza oportunidades comerciales. Y llenar un calendario de publicaciones tampoco demuestra que exista una estrategia.

Las métricas de alcance y reconocimiento tienen su utilidad, especialmente cuando se trabaja en la construcción de marca. El problema es presentarlas como si, por sí solas, demostraran el éxito de un negocio.

Una marca puede ganar visibilidad y tardar en convertirla en ingresos. Eso no significa necesariamente que la estrategia haya fracasado, pero sí obliga a preguntarse qué está ocurriendo y cómo se conecta esa visibilidad con los objetivos comerciales.

Por eso, antes de contratar una agencia, conviene hacer preguntas menos deslumbrantes y mucho más útiles: ¿qué problema van a resolver?, ¿qué entregables recibiré?, ¿cómo medirán los avances?, ¿qué indicadores reportarán?, ¿cómo se coordinarán con ventas? Y, sobre todo, ¿qué resultados son razonables esperar y de qué factores dependerán?

No hay fórmulas mágicas ni garantías universales. Hay estrategia, trabajo, medición y ajustes.

Al final, el cliente no necesita aprenderse un diccionario de términos en inglés para sentirse parte de su propio negocio. Necesita entender qué está comprando, qué valor le aporta y cómo sabrá si está funcionando.

Menos humo, más claridad. Menos palabras para impresionar y más estrategia para resolver.

Todos los comentarios son bienvenidos a vaes.comunicazion@gmail.com

Nos leemos la próxima vez. Hasta entonces.



VERÓNICA VALENCIA GÓMEZ es divulgadora y consultora de comunicación y mercadotecnia en Vaes Comunicación. Es periodista especializada en Tecnologías de la Información, cuenta con una maestría en marketing digital y certificación como instructora capacitadora on line y offline.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de Mobilnews.mx.

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