Por más inteligente y capaz que pueda ser un presidente, en este caso una presidenta, requiere de un equipo sólido y profesional para realizar su trabajo.
Difícilmente una sola persona puede estar al pendiente de, y manejar, todos los aspectos que implica gobernar un país.
Las situaciones que se han presentado durante las últimas semanas en México, desde el plan B hasta el asunto de la ventana indiscreta en palacio, nos muestran cómo la presidenta Sheinbaum acaba por tener que dar la cara sin tener instancias previas, lo cual representa un desgaste, desde mi punto de vista, innecesario.
En varias ocasiones el expresidente AMLO insistió en que se debía cuidar la investidura presidencial, un punto en el cual coincido, porque me parece que, al representar a todos los mexicanos, la primera mandataria debe ser respetada, precisamente por lo que representa.
Sin embargo, algo no está saliendo bien para la presidenta, parece como si las situaciones no tuvieran etapas y todas le estallan directamente a ella. No sé si efectivamente así sea, carezco de información directa o privilegiada, pero así se ven las cosas desde afuera y, en política, percepción y realidad se confunden frecuentemente.
Hoy la imagen de la presidenta Claudia Sheinbaum está siendo golpeada por la percepción de que no tiene control sobre los actores políticos, sobre todo los de su partido y de quienes se supone que son sus aliados.
Hay, es cierto, analistas que simpatizan con ella y tratan de presentar análisis que la favorezcan, algo que desde mi perspectiva actúa en sentido contrario, pero eso es lo de menos, lo importante es que no parece que los análisis de todos los signos tomen en cuenta las condiciones tan difíciles en que Sheinbaum asume el poder.
Ella llega a la presidencia después del fundador, líder moral, y asumido, del movimiento que barrió en el 2018 con la oposición y que mantuvo la idea de que todo era miel sobre hojuelas, pese a que no todo era así. Pero la percepción en ese sentido se impuso.
También tuvo que alejar la posibilidad de la revocación de mandato y ya sin ella seguramente impulsará candidatos comprometidos con ella y no necesariamente con su antecesor. En pocas palabras ha tenido que hacerlo sin levantar olas, sin que parezca que está rompiendo con ya saben quién. Falta dejar atrás a secretarios que no parecen responder a ella.
Por si lo anterior fuese poco, lo ha tenido que hacer en un entorno internacional poco favorable debido a la postura de Donald Trump que amenaza con golpear, a la menor provocación, nuestra economía.
No es poco lo que ha logrado, tampoco es mucho, pero hay que aquilatar lo que Sheinbaum ha logrado y es probable que logre algo más, quizá no lo que nos gustaría, pero, insisto, no ha sido fácil para la presidenta.
Si logra equilibrar la economía, después del desastre que recibió, ya será un logro importante, si además se deshace de quienes ven en el servicio público su oportunidad de medrar, sería mejor.
Vamos a ver qué pasa.