Hace algún tiempo, uno de los líderes del PRD relató un episodio que se presentó al interior de ese partido, según el relato, los legisladores perredistas comentaron a su líder que habían encontrado una fórmula para rescatar a Pemex e iban a votar a favor de ella, grande habría sido la sorpresa de los legisladores cuando el líder les dijo que de ninguna manera deberían votar en favor de tal iniciativa, ya que con ello apuntalarían a su mayor contrincante político. “Si se hunde Pemex, que se hunda. Ya lo rescataré yo en su momento”, habría sido la respuesta furibunda.
Para ese personaje no había dilema ético, su liderazgo estaba por encima del bienestar del país o en todo caso, por encima de la salud financiera de la empresa petrolera que aún ahora continúa emproblemada.
En menor escala los diputados locales enfrentan un dilema de este tipo, apoyan las propuestas de gobierno del estado y rescatan las obras que pueden beneficiar a los ciudadanos o deciden que si para que ellos lleguen al poder se tiene que hundir Nuevo León, ¡que se hunda!
Pero, siendo justos con nuestros legisladores, no solamente ellos se encuentran en una situación ética complicada, también lo está el gobernador, quien, con tal de no apoyar a los municipios gobernados por los partidos de la oposición, tampoco quiere dar su brazo a torcer por lo que respecta al presupuesto y seguramente ha de decir que, si los ciudadanos que votaron por otros partidos tienen que sufrir por malos servicios, pues ¡que sufran!
El problema, al final de cuentas, lo tendremos los ciudadanos que nos convertimos en rehenes de los políticos que buscan alcanzar sus objetivos particulares y no necesariamente trabajar en favor nuestro.
Para nuestra desgracia, no contamos con mecanismos que nos permitan presionar a quienes supuestamente nos representan en los distintos niveles de gobierno, salvo con el voto que cada tres años podemos depositar en las urnas, mientras tanto, estamos a merced de aquellos que nos juran y perjuran que trabajaran para nosotros.
Precisamente es por eso que hemos insistido en diferentes foros en que debemos impulsar alternativas ciudadanas que no representen a los partidos y a los intereses particulares de sus dirigentes, sino que nos representen a nosotros.
Por eso es necesario que los ciudadanos nos organicemos, que defendamos nuestros intereses, nuestras necesidades, ya que se supone que para ello es que existen los gobiernos, aunque hasta ahora las evidencias nos muestren lo contrario.
En el pasado hemos experimentado con llevar a los puestos del ejecutivo a personajes que nos han vendido la idea de que ellos sí estaban dispuestos a trabajar en favor de nosotros y nos han traicionado.
Desgraciadamente, el ejecutivo es solamente uno de los poderes y, en Nuevo León, el Legislativo sí tiene un peso específico precisamente porque no se ha subordinado al ejecutivo, aunque tampoco ha trabajado en pro nuestro.
Eso es precisamente lo que es necesario cambiar, debemos no solamente llegar al ejecutivo, sino impulsar a legisladores que trabajen por el bien de la sociedad en su conjunto.
Que para ellos no sea un dilema trabajar o no por y para nosotros.