El alto gasto público sostenido sin respaldo fiscal sólido se convierte en una bomba de tiempo. Cuando el Estado expande su presupuesto más allá de su capacidad recaudatoria estructural, el déficit fiscal se convierte en una constante y no en una herramienta contracÃclica. Según el Banco Mundial, en 2024 más del 60% de los paÃses emergentes registraron déficits superiores al 4% del PIB. Esta dinámica dispara la necesidad de financiamiento, usualmente vÃa deuda interna y externa, presionando al alza las tasas de interés.
A mayor emisión de deuda, mayor competencia con el sector privado por el crédito. Los gobiernos absorben liquidez del sistema y encarecen el costo del dinero. Esto no es teórico: en economÃas como Colombia o Brasil, se ha demostrado que un aumento de un punto porcentual en el déficit fiscal puede incrementar la tasa de interés de largo plazo entre 30 y 50 puntos base. En México, el gasto proyectado para 2025 conlleva un déficit fiscal del 5.9%, el más alto desde 1988 fuera de una crisis, lo cual está generando inquietud entre analistas e inversionistas sobre la sostenibilidad de la deuda pública.
Paralelamente, los bancos centrales enfrentan una disyuntiva crÃtica. Mientras se intenta controlar la inflación con tasas elevadas, la polÃtica fiscal expansiva actúa en sentido contrario, inyectando demanda. El resultado es una economÃa atrapada: altos intereses, bajo crecimiento, inversión rezagada.
Análisis y Reflexión para el sector privado Este entorno exige más que cautela: exige claridad estratégica. Cuando el Estado es incapaz de disciplinarse fiscalmente, traslada el costo a las empresas y a los ciudadanos. El capital privado debe asumir que en escenarios de gasto público desbordado y tasas elevadas, la rentabilidad depende menos del entorno macro y más de la eficiencia operativa, la diversificación y la lectura temprana del riesgo paÃs.
En el caso de Nuevo León, si bien la economÃa ha mostrado dinamismo y captación récord de inversión extranjera directa (más de $5,000 millones de dólares en 2023), el crecimiento también ha venido acompañado de un aumento considerable del gasto estatal y del endeudamiento público. La deuda de corto plazo creció más del 20% entre 2022 y 2024, según cifras de la SHCP. Aun con una economÃa sólida, los empresarios deben exigir reglas fiscales claras y sostenibles. Si el gasto desborda la capacidad de pago futuro, los impactos llegarán vÃa impuestos, recortes o pérdida de competitividad.
Reflexión para empresarios e inversionistas: Cuando el Estado no se disciplina, los costos se trasladan al sector productivo. Tasas altas, deuda creciente y gasto sin control no son señales aisladas; son advertencias. Hoy, la rentabilidad depende menos del entorno macro y más de la estrategia y la anticipación. Las señales están encendidas. Quien no se prepara, paga el precio.